Comunitarias, Notas

De mis pasos. Los de mañana… los de ayer… los de hoy

En área de espera de cualquier lugar público, dos mujeres cercanas comentan sobre problema de salud de un familiar. «Dijeron que se necesita factor de transferencia para su alivio, pero cuesta 7,500 pesos». Decido sugerir, efectivamente, el precio de aplicación anda en el orden de 5,000 pesos y más, en instituciones de salud privadas. Pero hay otras opciones.

En 2002, en Veracruz, ciudad, un amigo me invitó a participar en una empresa de promoción y venta del factor de transferencia. Hizo breve explicación de sus beneficios. No puse mayor atención. Nunca había escuchado sobre eso. A pesar de mi proclividad al conocimiento y uso de distintas formas de tratamiento de problemas de salud: homeopáticas, herbolaria, aromaterapia, medicina china, acupuntura, medicina tradicional, musicoterapia, medicina hindú, reflexología, florales de Bach, magnetoterapia.

Nada sabía del factor de transferencia. Por primera ocasión escuchaba de ello. Había oído hablar de otros recursos: noni, cloruro de magnesio, uña de gato. Aquello del factor de transferencia me sonaba a magia, tan común en cuestiones de salud.

Mi inclinación por la herbolaria la heredé de mi familia, de procedencia rural. Mis padres nacieron en  pueblos de la Cuenca del Papaloapan. Yo mismo me alivié de un problema crónico de gota (ácido úrico), en 1992, con un tratamiento a base de papaya, pingüica, gobernadora y damiana. Fue aplicado, combinado con reflexología, por un médico alópata formado en la Facultad de Medicina de la Universidad Veracruzana que cambió a la medicina tradicional. Resolvió una situación que me postraba hasta siete veces en un año, lo cual podía ocurrir en viajes que debía hacer a cualquier parte de la República, en ocasiones a lugares donde no había la atención médica que requería. Desde aquel 1992, los ataques de gota se redujeron a casi cero.

Pero hablaba del factor de transferencia. Pasado el tiempo investigué. Me enteré que fortalece el sistema inmunológico, se constituirse en eficaz barrera contra bacterias, virus y otros patógenos que enfrentamos cotidianamente. Ese fortalecimiento, dicen conocedores, es tal que llega a rechazar formas de cáncer.

Enterado de que el doctor Víctor Gámez Lechuga, especialista en medicina biológica, ha desarrollado, entre otros procedimientos terapéuticos, el de la aplicación del factor de transferencia, acudí a su explicación sobre su origen y efectividad. Me proporcionó la más amplia información. Le comenté lo que había encontrado en investigación documental somera. El factor de transferencia tiene su origen en el calostro producido por glándulas mamarias, Él aclaró, calostro de mujeres, de bovinos, pero también se obtiene, el factor de transferencia, de sangre humana, en la que se separan glóbulos rojos, plasma y glóbulos blancos, de éstos  últimos se obtiene el producto. Relató la historia del descubrimiento en laboratorio, el trabajo de investigadores, los antecedentes de su utilización en México.

El doctor Víctor Gámez Lechuga sabe con amplitud de esto. Preside la Fundación Feliz Esplendor, A.C., organización civil altruista dedicada a la difusión, promoción, prevención, tratamiento de enfermedades crónico degenerativas, virales, tumorales y terminales. Su objetivo es buscar control, curación, de padecimientos hasta ahora incurables. La lista de servicios que ofrece se puede encontrar en la Clínica de Medicina Social: Puerto México número 30 B, entre Tehuantepec y Bajío, colonia Roma Sur. Atiende de 14:00 a 18:00 horas. En el caso del factor de transferencia, tiene un costo de recuperación menor, nada que ver con los 7,500 pesos origen de este comentario.

 

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