En Ambiente

Inconmensurables

depre975

—1—

Logré mi tonsura por la lluvia
y con el viento.

—2—

Sentado en un recodo antes del puente, desde abajo, de entre los cuatro ovalados ojos del puente, sube una vaharada a limo nuevo y arriba, cien mil millones de soles pulsan sobre mi cabeza.

Abigarramientos luminosos que en su viento muestran silentes el poderío de las reglas físicas aún por conocer. Joven colorido opuesto a la sensación —azul/en el tórrido inconcebible, rojo/vejez de los cuerpos fríos—, luz que nos llega cuando aún pugnaban las generaciones vencidas para, durante el pasmo nocturno, en la incapacidad visual durante el día, señalar alguna luminaria como propia e imponerle —por sobre la denominación de la ciencia— tu nombre.

—3—

Le preguntó si aceptaba la presencia de fantasmas. No reprimió esa mueca ofensiva, detestablemente socarrona.

Con la interrogante sin respuesta viene el recuerdo de cuando sumaba siete o nueve años.

Cada época tiene su “muy lejos”, matiz de todos los males, en ése entonces les decían “marcianos” dada su procedencia lejana, inaccesible, apabullante e impenetrable: Marte. Hasta Marte había una distancia y tiempo imposible de comprender, hoy, acortada la distancia y reducido el tiempo con la nueva tecnología, el temor tiene su origen en la lejanía ambigua: extraterrestre.

Al principio Él estaba en la caja de los muñecos; un día era un soldado cruzado de plástico azul, otro, el jinete del séptimo de caballería —con marcha silbada y toda la cosa—, una más entró en la figura descarapelada del Blue Demon —siempre lo preferí por sobre “El Santo”, al Pato Donald sobre el tedioso ratón y más adelante a Héctor antes que al engreído Aquiles—.

Ya en el confort de un tiempo y espacio de elección personal adoptó la forma tipográfica en donde vestía, comía y luchaba con la imagen de los personajes —ellos dicen que de ficción—, en otro más, escondía su poderío bajo el nombre de Karelene a fin de valorar el múltiple escenario del hombre.

Era su forma bellamente inasible, beligerancia gratuita e impuesta en el desconocimiento, constreñida en el “fuego fatuo” pantánico, terror marino, presencia destructora hechura del fuego para calcinar el pensamiento libre y al prójimo estigmatizarlo. Claudicó el heroísmo, oscureció la santidad de la creatura sustancial extraída del terror primigenio. Lo ignoto e inconfesable proviene de un “allá”, de un muy lejos ambiguo y es potestad de los viajeros extraterrestres.

—4—

“Tocado” no es sinónimo de locura, su origen está en la afirmación “tocado por los dioses”, orate, al que tocó un viento desacompasado, fétido, para estrujarle los sesos y dejarle “ido”, perdido sin rescate.

Un “lunático” auténtico —sin pose sustitutiva de la pretendida genialidad—, es aquel que durante la infancia, al dormir, recibió en su cabeza la luminosidad de la luna; no todo trastornado es lunático, éste es un ser circunstancial y por negligencia.

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