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Copa Mundial de Fútbol, una fiesta global

La Primera Copa Mundial de Fútbol se disputó en Uruguay en 1930 y logró reunir apenas a 13 países que superaron una larga serie de obstáculos —administrativos, políticos, económicos y logísticos— para llegar a este pequeño país sudamericano. Con 13 valientes que hicieron historia comenzó un fenómeno que no ha parado de crecer y evolucionar hasta convertirse en el evento deportivo más visto en todo el mundo, superando incluso al exitoso Super Bowl.

Pero, ¿cómo ha llegado hasta aquí? Si bien no todo ha sido miel sobre hojuelas, el éxito de la Copa Mundial tiene mucho que ver con la tarea que han realizado las transmisoras de televisión para difundir los encuentros y en los últimos años, con las transmisiones en línea que contribuyen a aumentar el alcance.

El fútbol fue el deporte que abrió las puertas al negocio de la televisión deportiva pues es una actividad que puede garantizar un beneficio económico constante a las enormes inversiones de sus patrocinadores.

“Hace 20 años que participo en la transmisión en vivo de eventos deportivos, y nunca antes habíamos experimentado tantas posibilidades, tanto desde el negocio, como de las herramientas técnicas al alcance, y especialmente, desde el punto de vista del espectador. Bienvenida la tecnología al deporte”, dijo Patricio Cummins —vicepresidente de Ooyala para la región Asia-Pacífico y Japón (APJ)—.

Se informó en comunicado de prensa, que la influencia de la tecnología en las transmisiones deportivas se reflejó en la popularidad que alcanzó la Copa Mundial de Fútbol llevada a cabo en Brasil en 2014, pues el partido en el que se disputó la final alcanzó una audiencia televisiva de mil millones de personas, la cifra total del torneo llegó a los tres mil doscientos millones de aficionados.

El fútbol ha transitado un largo camino para llegar a los niveles de audiencia que goza en la actualidad. En 1954, la Copa Mundial de Fútbol celebrada en Suiza fue el primer evento futbolístico significante transmitido en Europa y todavía la prensa no estaba involucrada en las transmisiones ni en la difusión de los partidos.

Para la década de los 50, ya había un trabajo más elaborado por parte de los clubes europeos y la UEFA. Dos factores impulsaron el éxito de forma definitiva: el legendario partido entre el Real Madrid y el Eintracht Frankfurt —disputado en Glasgow en 1960— en el que el equipo merengue derrotó 7 a 3 a los alemanes; aunado a la producción y venta de televisores mucho más baratos, factor que permitió a los aficionados acceder a ellos.

Un año antes, el Real Madrid y el Barcelona protagonizaron el primer clásico televisado; fenómeno que provocó que en la ciudad de Barcelona se agotaran los televisores unos días antes del partido. Por primera vez, un millón de espectadores se sentaron frente a la televisión a ver un partido de fútbol.

En Latinoamérica los esfuerzos por posicionar la televisión deportiva eran pocos; en Chile 62 se filmó por completo la Copa Mundial para presentar las imágenes más tarde en Europa. Unos meses antes, en Estados Unidos, se inventó la repetición en cámara lenta y con ella llegó la posibilidad de mejorar la experiencia de los espectadores, al darles la oportunidad de revivir los mejores momentos del partido. Esto brindó una ventaja a la transmisión con respecto a asistir a ver un partido al estadio.

La cámara lenta fue la primera innovación que precedió al enorme oleaje de cambios tecnológicos que revolucionarían la cobertura televisiva del deporte en los siguientes veinte años, alentados siempre por las imponentes cifras de televidentes que el fútbol ofrecía a las compañías de televisión.

El primer evento transmitido en directo fue la Copa Mundial de 1970 que se llevó a cabo en México y con ello el fútbol se impuso como un producto televisivo que llegaría al mundo entero, a la par de la televisión a colores.

En esta etapa de la Copa del Mundo, los aficionados se reunían en torno a un televisor para seguir los partidos de sus equipos favoritos pues solo algunos hogares podían acceder a ellos. Fue de forma paulatina que las familias fueron integrando televisores para poder ver estos eventos de forma privada. A esto se le sumó la necesidad de contratar PPE—pago por eventos— o televisión por cable; entonces el fenómeno de compartir televisiones se repetía, pero esta vez no era la falta de aparatos sino el pago de las suscripciones.

En Brasil 2014 los aficionados recurrieron a las nuevas tecnologías para ver los partidos de la Copa Mundial; 280 millones de ellos vieron los partidos en línea o desde un dispositivo móvil. Se espera que esta cifra sea considerablemente superada en Rusia 2018, pues llega en pleno auge del uso de tablets y smartphones.

Ya en 2014 —y quizá con el objetivo de ver a su equipo favorito despuntar en Brasil—, Ooyala había detectado que el 34% de las personas que veían deportes lo hacían desde sus smartphones. En 2016 esta cifra aumentó considerablemente pues en el tercer trimestre las visualizaciones de video móviles ya representaban más de la mitad del total, con un 52%, según el Global Video Index de ese año.

Este cambio en los hábitos de los consumidores, obliga tanto a los equipos como a los medios de comunicación y a los dueños de los derechos de transmisión, a cuestionarse las formas existentes de transmisión y a plantear nuevas herramientas para transmitir y monetizar los deportes. Al mismo tiempo les brinda información clara y real sobre el comportamiento de la audiencia. Por primera vez tienen la oportunidad de realizar acciones concretas que les permitan aumentar el compromiso de los aficionados y maximizar los ingresos durante los días previos, posteriores al evento y durante el mismo partido.

Acerca de Juan Carlos Machorro

El autor no ha proporcionado ninguna información.

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