Notas

Esencial la autocrítica personal para cuidado de la biodiversidad

COLUMNISTA INVITADO: Sergio Roldán
«Y ¿queeeé?», dicen algunas figuras públicas al sentirse inquiridas por miembros de la sociedad con una doble moral con poca información al respecto de fotos que se difunden en medios de comunicación, en donde se refleja los pocos escrúpulos de un sector minorista de la sociedad con amplio poder adquisitivo y que dedica sus días de descanso a regocijarse por el más reciente trofeo para colgar en la pared de un chalet o cabaña de descanso que rara vez visitan. Tan malos unos como otros, mal por la gente que lleva a cabo prácticas de cacería lúdica pero mal también por la sociedad carente de conciencia al crear juicios sin fundamento.

No cabe duda que existen a nivel global diversas herramientas e instrumentos de conservación de la naturaleza, algunas de ellas ortodoxas y otras mucho más pragmáticas e incluso cuestionables pero, pongámoslo en perspectiva para irla razonando poco a poco…
Con el surgimiento de las redes sociales cada vez es más común que un comentario o una fotografía en la que aparece una figura pública detone una serie de reacciones de diversa índole, desde la reacción de indignación de aquellos radicales y justicieros cibernéticos, hasta las más creativas formas de satirizar o hacer mofa de aquellos involucrados.

Pero ¿Con qué valor hacemos dichos juicios?. Hace tiempo se dio el caso de una fotografía en donde aparece una reconocida figura pública mexicana posando con un trofeo de caza, ya sabes a quién me refiero ¿verdad?, bueno, el tema es que toda la polémica que se ha generado alrededor de esta publicación en redes sociales no hace más que permitirnos la oportunidad de hablar sobre lo que significa la cacería para aquellos que dedicamos la vida a la protección del medio ambiente.

La cacería como deporte… empecemos por descatalogar esta actividad como un «deporte». La cacería como actividad lúdica o de entretenimiento es uno de los instrumentos de conservación más complejos y polémicos que existen a nivel global y sí, es un instrumento para la protección de ecosistemas en situación delicada. Seguramente te preguntarás, ¿Cómo es eso?.

Pues bien, para poder llevar a cabo las actividades que rodean una expedición de cacería es necesario primero identificar una gran extensión de territorio: un bosque, una selva o un ecosistema, que permita contar con un número interesante de ejemplares que se van a cazar y las condiciones propicias para que esta especie forme parte de una cadena alimenticia adecuada, sana y sin problemas de vulnerabilidad, pero al hablar de esta cadena alimenticia, estamos involucrando a todos los elementos del ecosistema: especies animales, vegetales y suministro de agua acorde al ecosistema en cuestión sin contaminantes o afectaciones por una mancha urbana, es decir, un espacio alejado de la mano del hombre.

Hasta ahora todo parece muy sencillo, sin embargo hay que pensar en que estos espacios requieren de cierto mantenimiento y protección adecuada para no romper sin control este equilibrio del que estamos hablando y el mantenimiento cuesta, al menos si se pretende conservar estos mágicos espacios protegidos de incendios, cacería furtiva y tala indiscriminada, y deforestación.

Evidentemente lo más alejado posible de la construcción de carreteras, centros comerciales o zonas residenciales que sin duda acabarían con los recursos naturales y evidentemente no existiría ninguna cadena alimenticia que considerar. No me malinterpretes, en ningún momento quiero plantear esto a favor de esta deplorable práctica, todo lo contrario la repruebo rotundamente.

Afortunadamente la cacería, cuando no es de autoconsumo, es una actividad que pocas personas dentro de pocos grupos o sectores de la sociedad pueden costear. Por otro lado y buscando rescatar algún punto positivo de esta actividad, acerca de manera muy estrecha a estos individuos con la naturaleza, personas que frecuentemente son tomadores de decisión al menos en un sentido económico, cuando arranca una expedición de cacería tradicional en su forma más holística.

El grupo realiza actividades colaterales de bajo impacto al medio ambiente como campismo, prácticas de supervivencia con pocos elementos de confort, senderismo y tácticas de avistamiento y seguimiento de huellas, todo esto crea un lazo muy estrecho con el entorno, con la naturaleza; desafortunadamente el clímax de todo esto es la muerte de un ser vivo e inocente, es precisamente este final el que no tiene justificación alguna.

Favorablemente existen alternativas para cambiar el final de estas historias, guardar y disfrutar toda la parte de encuentro con la naturaleza y concretar el trofeo con una imagen fotográfica, la cacería fotográfica es una actividad que va creciendo a nivel internacional que permite vivir la misma experiencia de la cacería tradicional sin transgredir o lastimar a ningún individuo en vida silvestre.

Pero aún queda reflexionar sobre la otra cara de la moneda, la sociedad que tiene poco o nulo acceso a estas actividades pero que a pesar de carecer de información juzga, rechaza y se indigna de lo que hacen «los ricos».

Lo curioso es que en ese juicio moral se oculta, como decía al principio, en una doble moral pues criticamos con la entereza del más duro lo expuesto por figuras públicas pero al mismo tiempo dejamos a un lado la conciencia de la gran afectación que provocan nuestras decisiones de consumo; se critica con mucha facilidad como se aniquiló a un ser inocente, que disfrutó de libertad y aprendió a subsistir de un ecosistema.

Y al mismo tiempo que creamos ese juicio disfrutamos de una hamburguesa o unos taquitos, carne que seguramente proviene de reses que pasaron una vida entera dentro de un corral no mayor a 3.5 metros cuadrados… 3.5 metros cuadrados, el equivalente a un cajón de estacionamiento de cualquier centro comercial, toda una vida en condiciones deplorables y sin respeto para la vida de cualquier ser.

En lo personal no comparto la idea de la cacería tradicional ni de acabar con la vida de cualquier especie y menos aún si son especímenes en peligro de extinción, pero también es importante aprovechar este tipo de desafortunados acontecimientos públicos para reflexionar sobre los hábitos de consumo de cada uno de nosotros, hacer una crítica interior, una autocrítica para hacernos responsables de la parte que nos toca y ejercer con convicción el amplio poder que radica en cada uno de nosotros el poder de la decisión, que no es otra cosa que buscar, preferir y comprar productos orgánicos que ofrezcan una calidad de vida digna a otros seres y respeto a la naturaleza.
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