En Ambiente

Deshojada

 

 

Mujer/pájaro. Acrílica sobre cartulina. 34.8 x 26.2 centímetros.

…Nadie mira la rosa que nació en el desierto; mas ella, ufana, erguida, muestra el cáliz abierto, cual si mandara un ósculo perenne a la extensión…

 

De «El castaño no sabe…» Amado Nervo (junio 23 de 1915)

«Rosa mística» es analogía de renacimiento y vida eterna; en la simbología arcana, roja, representa el sufrimiento de la Virgen ante la Pasión del Hijo del Hombre, cuando rosa, remite al tormento íntimo, enraizando, secreto, y amarilla, a la posesión de los secretos profundos, ocultos e intransmisibles; es la flor de Venus y en el libro puntal permite el título de “rosa de Sharon” para la sulamita en “El Cantar de los cantares”.

En otros ámbitos, a la rosa blanca se la identifica con la luna y a la roja con el sol; flor a la que por su hermosura y fragancia, la botánica otorga el calificativo de “reina de las flores” con sus 200 especies y 3000 variedades; al amparo de su nombre la joyería denomina al diamante labrado por el haz y plano por el envés y es origen para la perfumería que utiliza –según afirman los que de esto saben- las rosas recolectadas preferentemente en Bulgaria y en el sur de Francia.

Denomina el lapso para la guerra histórica entre las casas de York (la rosa blanca) y la de Lancaster (rosa roja) con epílogo en los campos de Bosworth con el reclamo de “¡Mi reino por un caballo!” y es una rosa blanca habida en el jardín encantado de “La Bestia” lo que “La Bella” pide a su padre por regalo, trágico preámbulo para un final feliz.

Sintetiza el doble misterio de la Rosa y de la Cruz; es nombre que viaja junto al timón en la travesía marítima y, en el ámbito del recogimiento emula la Gloria en la conjunción luz-cristalería; blanca es mandala cósmico; cáliz, vientre sublimado, y si de tranquilidad trascendental trátase, ahí tenemos a la rosa de Jericó, planta cruciforme de los arenales de Palestina y Siria, flor de pétalos blancos que revive poco después de recibir la humedad. Repetimos eruditamente sin citar la fuente que “una rosa es una rosa, una rosa, una rosa…” para recrear bajo un balcón el destello dentro del odio: “¡lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación!”.

Por todas parte: en fachadas, en portadas de libros y obras musicales, en películas, en poemas, en pinturas y orfebrería, en todas las artes y en todo espacio del pensamiento, la flor cimera presta su estructura mágica para que surga la interrogante por el nombre de la rosa.

-oo-

Del ramillete extrajimos una rosa blanca para cada uno, hechura que dejara su humor entre las páginas de un libro sacro; otras abandonaron la luz del sol junto con la evidencia de lo que alguna vez fuiste y el resto formó parte indicativa del montículo primario en tu dejancia.

 

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