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Vana ilusión

Son medidas temporales y espaciales que escapan a la razón y aún más cuando de razonamiento tenemos muy poco y de ciencia menos.

De nada nos sirve la afirmación erudita de que al zodiaco lo precisa el movimiento de la Tierra con respecto al Sol sobre un plano llamado eclíptica y que por eso se dice que el sol está en un signo zodiacal determinado cuando “tapa” la constelación correspondiente a su paso por esa línea o sendero ideal.

No aclara el asunto saber que uno es el zodiaco sideral, es decir, los signos que se proyectan sobre la bóveda celeste y otro el zodiaco tropical, que es la distribución de doce signos a lo largo de un año al iniciar con la Primavera.

Así, afirmaríamos ¿si poseyéramos el conocimiento adecuado que en el zodiaco tropical los doce signos ocupan un espacio regular para abarcar idealmente cada uno de ellos? treinta grados de la bóveda celeste, cuando en realidad, las constelaciones están distribuidas de manera irregular en nuestra visión del cielo.

Aunque la eclíptica parece invariable, cambia paulatinamente en un fenómeno al que llaman “precesión”, esto es, que el eje de la Tierra se desplaza alrededor de una enorme traza ovalada que dura aproximadamente 27 000 años.

Para un vano intento de comprensión, es importante tener en mente que el eje de la Tierra está inclinado 23.5 grados aproximadamente con respecto al Sol y que este movimiento afecta por donde pasa el plano de la eclíptica movida esta línea una fracción de grado a cada ciclo anual.

15 estrellas. Acrílica sobre cartulina. 29.0 x 25.7 centímetros.

En el año 3000 a. C., el eje terrestre apuntaba a la estrella Thuban (estrella de la constelación de “El dragón”), en nuestros días hacia Polaris (Estrella Polar) y en el año 14 000 estará dirigida a la estrella Vega.

Si entendemos que a las constelaciones las culturas diferenciadas les otorgaron formas y nombres según su bagaje cultural propio y las referencias tomadas de su entorno, queda uno apabullado con la certidumbre manifiesta en los mudables horóscopos que con irrebatible pujanza pregonan los “profesionales” de esa “ciencia” para que la humanidad obre en consonancia al “saber fundamentado” que le permite a la dama en la tv afirmar, tajantemente que: “los planetas tienen una fuerte influencia en nuestras vidas” y a aquel otro detentar la verdad material y espiritual bajo esa túnica atestada con destellos de artificial pedrería; con tal farsa transformase en oráculo para nuestro esfuerzo diario.

En la página 16 de “El secreto de la flor de oro” (Paidós, 1984), Carl Gustav Jung asienta: “… la natividad no reposa, empero, de ninguna manera sobre un sistema arbitrario, puramente conceptual, ya que, debido a la precesión de los equinoccios, hace mucho que el punto vernal se ha desplazado del 00 de Aries. En consecuencia, en tanto haya diagnósticos astrológicamente correctos, no descansan sobre las acciones de los astros, sino sobre nuestras hipotéticas cualidades del tiempo; es decir, en otras palabras, que lo que ha nacido o sido creado en este momento del tiempo, tiene la cualidad de este momento”.

Porque si los horóscopos ¿contradictorios de uno a otro, hay que decirlo? contuvieran algo de verdad y no sólo buenos deseos, y junto a ellos, los productos milagrosos ofertados por los medios, las calamidades en esta vida serían sólo los acontecimientos naturales.

Pero todo lo dicho arriba contiene embrionaria falsía y lo afirmado por los doctos ajuste constante ¿cómo pretender ante la mensurada distancia y las cifras imposibles a nuestra finitud determinar el hacer del prójimo y aún cobrar por ello?

1 Comentario

  1. Vana ilusión http://bit.ly/qVwHuR