Campus

A solas

Latencia Acrílica sobre cartulina 21.5 x 28.0 centímetros.

La soledad personal es el antídoto contra la soledad entre dos.

Don Cú.

–II–

Acodado en el Puente Grande –al nuevo le falta gracia y labranza, es sólo un paso volado de varilla y cemento– veo allá abajo, entre los cuatro ojos ovalados, una mínima réplica de aquel grandioso afluente, expresión reducida de la vitalidad fragorosa ahogada bajo el patronazgo del progreso; fétida la pequeña e insignificante traza pastosamente movediza, turbia en su recorrido, decepcionante sobre el recuerdo yacente de ondas sonoras que celaran el lecho expuesto ahora al rigor del sol, de él sólo queda el tálamo movedizo con el arrebato del viento y el cacarizo de las huellas de humanos, animales y los desperdicios.

–III–

Orlado con los vellones multicolores recortados por los brazos centenarios arraigados en la ribera tras el recodo, ancla para una barca fugada en “la crecida”, el madero zigzagueante conmina a una lluvia rejega y entre los dedos agarrotados del enhiesto desafiante al rayo en el ensamblado de agua, tierra y cielo, aún cursa el cantar de las ondas creadas por la paloma verdinegra habitante en el campanario enmudecido de “El Rosario” signado por una lejana “V” alada.

–IV–

Arracada en la piel del jaguar. Esquiva roca, corazón bullente, romance encadenado en cuatro tiempos conjuntados: distancia de escape en pos de miríadas destellantes y en giro de sujeción.

–V–

Quizá tu paso recorra más que el mío. Es posible que tu sombra sea mayor, pero, de uno a otro sólo está el espacio que hace el dolor personal.

–VI–

Llanto de vida que baja desde el remate de una cruz forjada donde enhiesto, el artilugio coquetea con el rayo. Desciende por la labranza del cantero, acaricia la bocaza de la mayor donde golpetea suavemente conminado el reclamo metálico para escurrir silenciosa hasta la baldosa del atrio.

–VII–

Uno nunca sabe el momento exacto de la concepción, el porqué un amigo nos dejó ese gran dolor ni a cuántos compañeros dejamos sin saber de una tristeza otorgada.
Uno nunca sabe cuándo iniciará el olvido de lo que somos para iniciar el abandono de un sueño y la traición del ideal.
Uno nunca sabe para qué sirve un millón ni porqué el hambre continúa.

–VIII–

Hoy ya no hay espacio para el silencio meditativo, electivo. Rige el temor a preguntar o manifestar alguna duda; vivimos en la obligatoriedad de la omnisapiencia.
Desde una edad mínima la afirmación y el discurso son vigencia.

–IX–

“El hombre libre es por necesidad inseguro; el hombre que piensa es por necesidad indeciso”. (Erich Fromm. Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea, p. 166. FCE,1974).

–X–

Hoy el sabio es hijo de nadie, marido de sí mismo y padre sin descendencia. Dijera Don Cú allá por los años setenta.

–XI–

Nombres venidos sobre rizos de mar en entrañas de madera para encontrada nueva identificación e imagen diversificada. Aherrojados el colorido y las texturas traídas en los ojos y en la mente perdieron sus navíos entre cilicios de caracolas, evadidos a los estipes animadamente verdes flageladas con algas, transfiguraron su ortografía.

–XII–

Hay una pequeña ventana en tu corazón por donde miras hacia afuera.

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