Opinión

La fe que vence al mundo

“Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe” (1Jn.5:4).

 

Al iniciar un nuevo año surgen un sin fin de inquietudes e incertidumbres. Los problemas nos agobian y las luchas arrecian cada día. Es por ello indispensable saber que hay una fe que vence al mundo y sus afanes. Esa fe viene de lo alto, de Dios. Nos sostiene, nos sustenta y nos permite caminar en medio del fuego y la tormenta. Por ello, alguien que ha encontrado esa fe como un manantial en el desierto, ha escrito:
“Es fácil amar a Dios cuando todos nuestros asuntos marchan bien. Cuando el viento sopla en nuestro favor, no es necesario que nos esforcemos para hacer su santa voluntad. 
Pero cuando estamos en medio de la tempestad, cuando el camino que atravesamos es escabroso, cuando el aire pierde para nosotros su pureza, entonces es cuando hallamos difícil el obedecerle y confiar en Él.
Es fácil confiar en Él, cuando las canciones de los pájaros han regocijado nuestros corazones, y sus cánticos han embalsamado el ambiente de nuestros hogares. Pero es difícil cuando la música es sustituida por el sufrimiento y los días son lúgubres y funestos. Entonces es cuando necesitamos una fe que triunfe sobre nuestras dudas y temores, y nuestro bendito Señor nos la dará. Lo que a nosotros nos falta, Él lo suplirá. Pidámosle creyendo con mucha fe y confiando en sus promesas. Él será nuestro guía para siempre, lo mismo en el llano que en el camino escabroso. Él nos probará que es suficiente para nuestras necesidades cotidianas.
El confiar, a pesar de parecer estar abandonados; el continuar clamando en el inmenso espacio de donde se nos contesta y donde parece que no se nos oye; el ver la maquinaria del universo moliendo sin descanso, como si se moviese por sí mismo, sin preocuparse por ningún ser humano, ni moverse lo más mínimo a pesar de todos los ruegos, y no obstante creer que Dios está despierto y amando entrañablemente, esto es fe.
El no desear otra cosa sino lo que nos ha llegado por medio de sus manos; el esperar con paciencia y el estar dispuesto a morir de hambre, sin tener otra cosa que el que nos falte la fe, tal es la victoria que vence al mundo, tal es la verdadera fe”.
Noé Díaz Alfaro es Pastor en la
Iglesia Cristiana Interdenominacional, A.R. ser@iciar.org

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