Opinión

¡Clamor por México!

Nunca antes el clamor por México era una  necesidad tan apremiante como ahora.  Basta considerar las cifras siguientes: En julio pasado el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) contabilizó 2 millones 749 mil personas sin trabajo. En este año se han agregado 266 mil 566 desempleados más. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) señaló que ocupamos el tercer lugar en el mundo con 7 millones 226 mil 680 jóvenes entre 15 y 29 años que ni estudian ni trabajan. Según datos oficiales, el número de mexicanos en pobreza extrema llegó a 52 millones 500 mil. En los últimos cinco años el registro oficial de muertos por la violencia organizada llegó a 50 mil. De éstos, 4,832 son personas desaparecidas en carreteras en los últimos dieciocho meses. En una encuesta reciente de El Universal el 56% de la población opina que México es inseguro.

El estudio más reciente de México Evalúa confirma que, salvo en cinco estados de la república, la cifra de homicidios ha aumentado hasta en un 96%; en 24 entidades, el número de víctimas de secuestro se ha incrementado hasta en un 188% promedio nacional. Homicidios de periodistas, extorsiones a millones de personas, robos de vehículos y casas a mansalva, decomisos de armas, ejecuciones, descuartizados, etc. Existen varias poblaciones en distintos estados de la república que son gobernadas por el crimen organizado, poblaciones en las que pocos se atreven a salir de sus hogares después de las seis de la tarde. Lo más alarmante es que estos datos son un pálido reflejo de la realidad ante la cantidad de delitos no denunciados.

¿Qué hacer? Gobierno, instituciones públicas, sociales y privadas han propuesto e implementado programas y acciones diversas a fin de atender y resolver esta problemática, lamentablemente no hay resultados y las cifras de violencia se incrementan. Ante la pobreza de resultados mostrados al día de hoy, como mexicanos y como cristianos sólo nos queda volver a Dios nuestro clamor por México. Cuando el pueblo de Israel sufría la opresión de la servidumbre en Egipto hace aproximadamente 3 mil quinientos años, clamó a Dios y sus gemidos y lamentos llegaron hasta los mismos cielos de donde vino la ayuda y la liberación por medio de Moisés (Éx.3:1-10).  Cuando Josafat, rey de Judá, se vio rodeado por los ejércitos de los hijos de Moab y de Amón, fue al templo de Dios y allí clamó a Jehová, diciendo: “¡Oh Dios nuestro! … No sabemos qué hacer y a ti volvemos nuestro rostro”. Ante tal ruego y súplica Dios respondió liberándolos de sus enemigos y concediéndoles una maravillosa victoria (2Cr.20:1-22).

Ante la evidencia inequívoca de que Dios escucha y responde a la oración de su pueblo, nos asiste el deber sagrado como cristianos y la responsabilidad cívica como mexicanos de orar a Dios por México. Cuando el pueblo de Israel tocó fondo clamó a Dios y Dios los visitó y los libró de mano de los egipcios. Cuando Josafat vio su incapacidad para enfrentar al enemigo reconoció que sólo Dios podía librarlos, clamó a Él y Dios les dio la victoria frente al enemigo.  Queridos lectores, el Dios de Israel y de Judá es el mismo eternamente y para siempre. Dios es la única esperanza para México. Él ha dicho: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra (2Cr.7:14). Por tanto, elevemos hoy nuestro clamor por México. Anhelamos un México libre de maldad, de la corrupción y del pecado. Anhelamos un México seguro y lleno de esperanza. ¡Anhelamos un México para Cristo!

Noé Díaz Alfaro es Pastor en la
Iglesia Cristiana Interdenominacional, A.R. ser@iciar.org

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