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Mismo estilo, sin cambios en el gabinete

El Presidente Felipe Calderón mantiene su estilo y ritmo de trabajo igual que antes de las recientes elecciones, como si la nación estuviese tranquila, sin los problemas de delincuencia, desplome económico, desempleo y otros.
Para el Primer Mandatario, la jornada electoral quedó atrás y no hay que decir más. Pronuncia sus discursos cotidianos, sin manifestar signos sobre ajustes a su equipo de trabajo o emprender acciones tendientes a superar la crisis.
Al día siguiente de los comicios del pasado día cinco, el Ejecutivo pareció ignorar los resultados, francamente adversos a él y al Partido Acción Nacional. No llega el tan cacareado cambio.
Los mismos panistas se incomodan con el presidente Calderón debido el ramalazo electoral. El ex líder blanquiazul, Manuel Espino, demanda nuevas estrategias y rechaza la posibilidad de que el huésped de Los Pinos decida quién deba tomar las riendas de su partido.
Después de la renuncia del pendenciero Germán Martínez, en algunos medios se empezó a manejar el nombre del diputado electo, César Nava, para encabezar a la dirigencia azul. Contra eso se opone el ala radical de los “yunques” y otras corrientes de la propia organización.
Pretenden los no comprometidos con Los Pinos que el nuevo conductor del PAN sea neutral y sus decisiones no se deriven de mandatos del Presidente Calderón, como sucedió con Germán Martínez. Esa práctica de corte priísta la criticó el panismo durante decenios y en este sexenio la reimplantó el calderonismo.
Fuera de Acción Nacional, a perdedores y ganadores les extraña que el jefe del Ejecutivo no cambie de actitud. Como al inicio del sexenio, sonríe y procura seguridad cuando se dirige a los micrófonos. Da lectura a sus mensajes, escucha aplausos y nada más.
Quienes escriben los discursos deben ser cambiados porque utilizan los mismos términos para cada caso, lo cual fue notorio tras los graves acontecimientos de Michoacán, el pasado fin de semana.
A propósito de las tupidas balaceras contra la Policía Federal Preventiva, el Presidente Calderón dijo que “son de desesperación” por los golpes recibidos. En un segundo discurso afirmó que su gobierno no se intimida por las acciones del hampa ni retrocederá. Lo ha dicho decenas de veces.
Sin embargo, es imposible continuar en ese parámetro. Cada día se pierde gobernabilidad y crece la desesperación del pueblo, lo cual puede conducir a peores situaciones.
En 107 millones de mexicanos ¿no habrá una docena de eficientes que ayuden a Felipe Calderón a sacar al buey de la barranca?

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