En Ambiente

Arte antiguo

 

Cañada. Acrílica sobre cartulina. 21.5 x 28 centímetros.

El salterio es un instrumento musical con caja de resonancia en forma trapezoidal provisto con cuerdas metálicas a pulsar con espinas o uñas. Roque García -en su Diccionario de Sinónimos- lo diferencia de entre otros instrumentos para evitar equívocos: “El salterio viene de salmo, psalmus (en latín), voz derivada del griego psaô, que significa tocar un instrumento y cantar”… “El salterio nos lleva a David. Es un instrumento de la Iglesia.” “…Así pues, el salterio y el arpa son hebreos.” “… para anunciar una profecía (deberá el poeta acudir) al salterio. “De modo que el salterio es religioso”. “…es incluido en los nueve instrumentos que durante la Edad Media un juglar debía saber componer y arreglar: vielle, zampoña, flauta, arpa, lira, viola, decacordio, salterio y rotta, según cita -esto último- el maestro Guillermo Velázquez en “Elementos de cultura musical”.” (Manuel Porrúa, decimoctava edición, 1977).

El sonido del salterio es esencial para los arreglos de las creaciones musicales mexicanas de finales del siglo XIX y principios del XX; otorga a la “música tradicional” ese valor inconfundible encriptado en el término de “romántica” y hoy con fuerte matiz a cursi.

Las conmemoraciones y celebraciones del Centenario son el tiempo “natural” para el rescate de estas creaciones con ineludible aire a porfiriano -que también es nuestra buena y nefasta Historia- para la recuperación y divulgación -con los créditos correspondientes ¡por favor!- de las obras en boga o creadas hace cuatro generaciones. (Preguntemos en el Conservatorio de Música, ahí, seguramente nos ofrecerán muchas sorpresas, al respecto).

El sonido del salterio aún está en nuestra realidad, destacado de entre los trucos de los “virtuosos tecnológicos” inmoderadamente comparados con algunos de los grandes solistas en la Historia.

Para que no sean únicamente el son de “La negra” (imagen musicalizada de una máquina de vapor), el vals “Club Verde” (centro de reuniones contra el régimen de Don Porfirio Díaz) y semejantes (a las que la adición posterior de una letra engaña el origen) las que ambienten y cultiven las conmemoraciones que bajo un principio humano resulta más una afrenta que motivo de regocijo.

 

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