Campus

Proceloso

Algunas palabras las relacionamos con una atmósfera y época determinadas.En ese hábitat, en mucho aún desconocido, donde la vida múltiple aún ofrece sorpresas animadas, la experiencia individual amplió la historia de la humanidad.

Proceloso era el medio, el estercolero para las pequeñas naves que, bajo la dirección de audaces capitanes, todavía revuelcan, entre espumarajos, la visión aliñada de generaciones dedicadas al hurto.

Uno confunde goletas con bergantines y chalanas, fragatas con galeras, al imaginar el desplazamiento de los pesados galeones artillados a conveniencia en procura de una mayor destructividad en la defensa de su carga.

Era el terreno enmaderado para segundones, tránsfugas, descontentos con su suerte, evadidos y delincuentes no del todo arrepentidos, que, con patente real o el de su propia ambición, a la distancia nos engañan en su finalidad heroica de corsario, del certero bucanero reclutado en mala taberna, del andrajoso filibustero, del pirata vulgar sin ideal al que le espera una gruesa cuerda de la que penderá tan pronto le pongan la mano encima, sea por sus sangrientas correrías o porque a los poderes coronados dejaran de serle beneficiosas sus empresas depredatorias.

Christopher Myngs, Edvard Mansvelt, Barbanegra y similares, no poseían la galana mirada del corsario con fachada de Errol Flyn… En aquella era romantizada, cuando a la mayoría de los navegantes atormentara el escorbuto, la suciedad y la pestilencia en la setina atiborrada de ratas y pulgas, la historia pulimentada traspapela la antigüedad de esa “profesión”, pues, doce siglos antes de nuestra era ya aligeraban de sus riquezas a las naves egipcias; durante la época dorada constituían el azote para el comercio griego y con su derrota propiciaron el encumbramiento de Pompeyo durante el Imperio Romano.

Piratas los hubo a los que llamamos vikingos; los berberiscos, dueños de Córcega, Scicilia y Cerdeña, dispusieron de vidas, de fortunas y de cautivos para el trueque por más riquezas, según testimonian la historia y “el ingenio lego”.*

Abierto el camino por Colón, proliferaron por mares ignotos durante una guerra no declarada, aportaron a sus coronas beneficios tales que les promocionaron socialmente: sir Henry Morgan, sir Francis Drake, sir Walter Raleigh, quien a más de pretender la cama real, por su afición al producto de las tierras americanas mereció distinguir con su nombre y rostro una cajetilla de cigarrillos.

Otros, con detestable celebridad: Jean-David Nau “el Olonés”, Laurence de Graff “Lorencillo”, Pierre Lafitte –amnistiado por su ayuda en la batalla de Nueva Orleans- y seres de la misma catadura, renegados de todo origen y con finalidad en el interés propio, navegaron por la “La Ruta de las Indias” con la enseña de los sin patria: un lienzo negro y, sobre él, un cráneo y dos huesos cruzados.

Maracaibo, Panamá, Cartagena, Puerto Príncipe, Campeche… guardan entre sus genes, murallas y museos, el paso de esos grupos heterogéneos que nunca brillaron a la manera de Hollywood y que dejaran, a más de la destrucción, sus vidas en el proceloso mar.

depre734

Embate. Acrílica sobre cartulina. 28 x 21.5 centímetros.

*”Ingenio lego”; reducción de Ángel Valbuena Prat, en Obras Completas (Aguilar, 1973), a la definición de Tomás Tamayo de Vargas; “Miguel de Cervantes [Saavedra] ingenio aunque lego, el más festivo de España.”

Comentarios Cerrados

Los comentarios están cerrados. No podrás dejar un comentario en esta entrada.